'¿Puedes...?'
El chico entendió perfectamente lo que yo quería decir. Me cojió de la cintura mientras yo daba un pequeño salto para subirme a la maquina de billetes. Deslizé mis piernas rapidamente hasta el final de la maquina mientras observaba como él hacía lo mismo. Los últimos pitidos nos avisaban que el tren ya estaba allí, y que estaba a punto de cerrar sus puertas pero no nos hizo falta correr mucho para llegar a tiempo. El tren iba casi vacío, y la poca gente que había no pareció darse cuenta de nuestra presencia ya que se encontraban en los primeros vagones. Nos sentamos uno enfrente del otro, sin nadie a nuestro alrededor, sin ojos curiosos llenos de prejuicios. Fue entonces cuando pude observar con detalle aquel chico. Su aspecto descuidado hacía pensar que no había pasado por casa recientemente. LLevaba el pelo alborotado y sin duda lo que más destacaba de sus rostro eran sus grandes ojos verdes, los cuales a la luz del sol que entraba por la ventana esa mañana parecían incluso azules. Despistado buscaba algo en el bolsillo de la una vieja mochila.
Volví a mis pensamientos. Dejé que ellos me llevaran a la misma mierda de siempre. Me preguntaba que harían ellos. No saber responder a eso me alegraba, me llenaba de una especie de satisfacción. Desperté. Me ofrecía algo, un cigarro.
'¿Qué marca es?'
'¿Es eso lo que te importa?'
'Lo siento, quería decir: ¿quién eres?'
Se enciende el cigarro, a pesar de que estamos en el tren y divertido dice:
'Puedo ser quien quieras que sea'
