viernes, 29 de junio de 2012

Si eso es lo que teníamos, teníamos oro.


Entonces estábamos en el ascensor. Me pregunto a mi misma: ¿un beso o un cigarro? ¿un beso o un cigarro? y así sigo dándole vueltas en mi cabeza. ¿Qué será lo primero que harás? ¿Un beso después de todo? o ¿un cigarro contra todos los problemas? Cigarro, cigarro, cigarro. Saca el paquete del bolsillo. Sabe perfectamente lo que pienso. Le miro. Intentar poner cara de enfado nunca se me dió bien. Le mantengo la mirada tanto como puedo. Casi por incercia, se pone un cigarro en la boca. Nunca aparta la mirada. Maldito cigarro. Me pierdo en eso, en su rostro, se ríe, sigue adivinando mis intenciones. Tira el cigarro al suelo. Me rodea el rostro con sus manos y me besa. He ganado. Lo he ganado a él.