lunes, 28 de mayo de 2012

Happiness hit her

Me despierto. Empezar un nuevo día no era lo que más me emocionaba ultimamente, no sin un próposito, yo no tenía ninguno hoy. Dar vueltas en la cama, acurrucarme con el edredón, mi protección contra monstruos imaginarios, contra asesinos de la noche, contra ladrones, pero no contra el dolor. No contra las personas que quería dejar atrás, no contra los sentimientos que llevo tan dentro. Y cada vez que agarraba más fuerte el edredón para taparme, para no pensar, el dolor se hacía más intenso. Si miraba a mi derecha veía la puerta de mi habitación, la puerta a un mundo que no quería vivir, ni hoy ni cualquier día. Nunca vi esa puerta como vía de escape, nunca la concebí como algo para lo que marchar y huir, donde me encontraba bien y mal era aquí, en mi cama. Me acunaba, me consolaba por las noches, oía mis llantos y me llevaba a mis profundas pesadillas, que revelaban lo que yo callaba. Otras veces me veía reír, pasar el rato con otra compañaera a la cual conocía bien; la música. Pero qué bien sentaba huir. Era tan habitual, se había covertido en una especie de rutina, igual que sonreír. Sonreía todo el tiempo, mi estado de ánimo intentaba dejarlo atrás y hacer como si mi sonrisa, estúpida muchas veces, tuviera un por qué. Y verdaderamente lo tenía, escondían tanto esas sonrisas que ya me había olvidado el qué, lo hacía como un acto reflejo.