Me levante cansada, cansada físicamente y cansada de todo, de esperarte, de llorarte, de soñarte y añorarte. Miré por la ventana y vi el cielo encapotado, con las nubes a punto de llorar, de derramar esa agua acumulada. Pero no todo iba a ser tan malo. Cuando me llamastes, se me paró el corazón: ¿Qué ibas a decirme? ¿Ibas a juzgarme como acostumbrabas a hacer? ¿O ibas simplemente a querer hablar conmigo? A las 6 en el lugar de siempre me dijistes. Fui y vine por los pasillos de casa, nerviosa, muy nerviosa...
Y allí quedamos los dos, efectivamente, en el sitio de siempre...
A pesar de todo, cuando te vi, no puede evitar sonreir, tantos momentos buenos no desaparecen así como así, quedan ahí, para siempre.
Tardes largas a tu lado, sin hacer nada en especial, bueno, sí, tu eras especial.A tu lado todo pasaba, en tus ojos claros me perdía, en tus labios deseaba quedarme para siempre, y tus palabras me hacían imaginar lo que nunca llegamos a ser.
Pero ni tu podías perdonarme ni yo podía perdonarte.
Nos tumbamos en la arena de la playa, ya era de noche y las estrellas brillaban por sí solas. Tus ojos decían todo lo que tu callabas, pero bastó, bastó por el momento, bastó para ser lo que nunca llegaríamos a ser.

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