Tenía la sensación de haber recorrido un largo camino hasta donde me hayaba en ese momento, y a así era. Caminar con un saco de inseguridades y miedos nunca ayudó. La angustia y la presión me rodeaban cada vez que me daba cuenta que me volvía débil y vulnerable. No me reconocía, esa persona sacaba lo mejor de mi, pero me asustaba el hecho de sentir la amenaza al lado de mi corazón cada vez que éste se abría. Y un cúmulo de emociones me cercaban, amaba esos momentos, pero me sentía estúpida por mis miedos. Siempre construí muros, pero estos parecían ser de arena hoy. Derrumbados parcialmente, se desmoronaban y yo no entendía por qué o más bien no sabía cómo reaccionar. Las lágrimas se deslizaban por mis mejillas, tímidamente al principio, pero cuando pude apoyar mi hombro sobre la persona que me provocaba todas esas sensaciones, estas lágrimas no cesaban. Y verlo llorar, cerca mío, intentando hacerme sentir mejor, vernos en un baño de tristeza y restos de lo que nosotros éramos me hizo darme cuenta ese día que amaba a esa persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario